Rafael Muñoz Conde: Confidente de la mente humana

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Ofrece su atención a palabras y gestos ajenos; observa, se interesa y trata de aportar razones a las emociones, aunque haya razones que la razón ignore. Para él la atención terapéutica es tanto derecho ciudadano como deber y al escucharle se perciben palabras sabias nutridas de sentido común, filosofía y refranero español en distintas proporciones. Rebosa conocimiento humano y siempre es un placer escuchar sus reflexiones. Hoy conversamos con Rafael Muñoz Conde*.

En muchas ocasiones psicólogos y psiquiatras son los confesores del presente ¿cuánto de soledad hay en sus consultas?

La soledad entendida como aislamiento o incomunicación, está presente en nuestras consultas de psiquiatría. A veces como causa y otras como consecuencia de enfermedad mental. El ser humano es un ser social que se realiza con los otros. El reconocimiento de nosotros mismos lo hacemos a través del reconocimiento que los demás hacen de nosotros y eso implica una transacción continua de doble sentido. Muchas enfermedades (psiquiátricas, pero no solo) alteran esa comunicación necesaria. Existe, es cierto, una soledad buscada, transitoria y voluntaria, que da lugar a la meditación y a la concentración en nosotros mismos. No es esa soledad a la que me refiero, evidentemente.

¿Es cierto que se recetan más antidepresivos que nunca?

Si, yo así lo creo y lo veo en la consulta. La OMS hace tiempo que viene señalando que la depresión será la segunda enfermedad de la población dentro de 20 años y las estadísticas en España señalan que el consumo de antidepresivos se ha triplicado en los últimos 10 años. Pero yo creo que las estadísticas no pueden dar cuenta del inmenso y extendido sufrimiento personal y social que la depresión provoca. En esa mayor prescripción en número de antidepresivos intervienen varios factores a mi modo de ver:

-Los avances en las neurociencias que han permitido conocer el sustrato funcional y bioquímico del cerebro que acompaña a los trastornos afectivos como es la depresión, lo que a su vez ha despertado unas expectativas poco realistas por excesivas.

-La psiquiatrización de los problemas cotidianos en nuestra sociedad, que hace que se recurra al sistema sanitario para encontrar consuelo y ayuda ante eventos que generan malestar emocional.

-La precariedad social (no me refiero a la económica sino a la descohesión social) que genera exclusión y disminución de la capacidad del individuo para soportar situaciones de estrés.

“Que alguien te haga depositario de su debilidad enseña mucho, pero te puedo decir también que da un poco de vértigo”.

¿Por qué existen tabúes en recibir un tratamiento psiquiátrico?

Yo no creo que esté generalizado el miedo al tratamiento psiquiátrico como se ha dicho tantas veces, si fuera así no se podrían explicar las listas de espera de las consultas; lo que si que creo que se teme es la exclusión social y la merma de derecho y reconocimiento social. La historia ha sido tan elocuente al respecto que no es extraño que se tenga prevención a la exteriorización de un problema psiquiátrico.

¿Estar tan próximo de las emociones humanas desde un plano de observador le ha aportado algún conocimiento sobre nuestro género?

Bueno, Los psiquiatras estamos cerca de las emociones humanas, pero no como observadores sino como confidentes. Eso nos compromete. No solo somos testigos (que no entran pero dan fe) sino que se espera de nosotros que ayudemos a poner los problemas emocionales en un lenguaje racional para que el mismo paciente se haga cargo de sus propias contradicciones, dilemas, carencias y virtudes. Eso que se llama empoderamiento. La labor como psiquiatra ante el ser humano enfermo es la de reeducación terapéutica. No se puede ser solamente observador. A veces yo digo que somos “prestatarios de palabras” Que alguien te haga depositario de su debilidad enseña mucho, pero te puedo decir también que da un poco de vértigo.

“La psiquiatrización de los problemas cotidianos en nuestra sociedad, hace que se recurra al sistema sanitario para encontrar consuelo”.

¿Somos básicos, complejos o ambas cosas?

Somos básicos y ácidos al mismo tiempo, simples y complejos. Somos capaces de complicar lo más simple y también de hacer simple lo complejo. Somos capaces de hacer juicios apodípticos y juicios prudenciales. O si prefieres que te lo diga más a la pata la llana: lo mismo nos hacemos un lío con el número pi, que arreglamos de un plumazo el conflicto de Afganistán.

¿Qué es ser cuerdo o demente hoy?

El DRAE dice que cuerdo es el que está en su juicio; y en la segunda acepción lo atribuye a la persona prudente que reflexiona antes de determinar.

El DRAE atribuye el término “loco” al “falto de juicio”.

Aunque son términos que no describen ni explican mucho, porque ¿qué es eso de “estar en su juicio?”

Quiero destacar, sin embargo, que tanto loco como cuerdo se refieren a tomar decisiones de una determinada manera (reflexiva o no reflexiva). Es obvio que la mayoría de nuestros comportamientos son automáticos o impulsivos, por lo que realmente podemos decir que todos tenemos muchos comportamientos “no reflexivos”. Por otro lado, es imposible separar en las decisiones la razón de la emoción. Nuestro cerebro tampoco lo hace. Las emociones se infiltran en la razón pero también la forma como nos explicamos el mundo condiciona la manera de sentirlo.

Pues básicamente es ese el núcleo duro sobre el que yo centro mi actividad ¿Cómo abordar la toma de decisiones que afectan a nuestra salud mental (felicidad) de modo autónomo y responsabilizándose de sus efectos.

ilustración RC jaula ¿Qué opina de la figura del coach?-entendido como profesional que ayuda a individuo a conocerse más a sí mismo y sacar lo mejor de sí- ¿Es cierto que cada uno posee las soluciones a sus problemas en su interior?

Es eso justamente lo que hago, si no entiendo mal el anglicismo, es una labor de aconsejamiento y acompañamiento activo. No para suplantar al paciente (o cliente como se dice ahora), sino para ayudar a desvelar su camino y su destino. Y no para sacar lo mejor de si mismo sino sacarse a si mismo para poder proyectarse hacia su meta. Que pueda controlar, integrar (o superar) sus carencias y reconocer sus puntos sólidos. Y no es que uno tenga las soluciones (soluciones a sus decisiones) dentro de si, sino que son las únicas sobre las que podemos actuar. No hay salud mental (me atrevo a decir que ni vida posible) sin proyecto vital.

Se destruye empleo y crecen las personas que consideran que el único modo de salir adelante es emprendiendo, ¿cualquiera puede emprender? ¿por dónde empezar?

Yo tengo mi opinión al respecto, pero escapa a lo que nos ocupa en esta entrevista. Tengo mi opinión al respecto porque vivo en esta sociedad y no soy ajeno a ella.

Desde la atalaya que es una consulta médica, percibo que la gente se siente huérfana y con miedo. Huérfana porque se ha instalado en el convencimiento de que el Estado como garante de seguridad, ha quebrado. Y miedo porque teme al futuro. El miedo genera estrés y genera una patología psiquiátrica propia de la desesperanza y una patología social en la que no quiero entrar ahora. Sacudirseel miedo es el obligado punto de arranque.

¿La existencia permanente de la palabra crisis en los medios de comunicación puede influir en nuestro modo de abordar el presente?

La palabra crisis va ligada en sus orígenes tanto griego como latino, a la idea de inestabilidad y cambio (no necesariamente a peor). Es inherente a la inestabilidad y al cambio el abordar la situación de modo diferente. Pero luego observa uno fenómenos acompañantes que son poco alentadores y creo que son mal augurio:

-La concentración de la riqueza en cada vez menos manos y el número creciente de desposeídos del acceso a los bienes sociales.

-La descohesión social con un predominio del individualismo (y el beneficio de los mercados) sobre cualquier otra consideración de cooperación y ayuda mutua.

-El empecinamiento en que no hay alternativa y por lo tanto nada tenemos que decidir sobre lo que más convenga y cuyo resultado es que unos pocos deciden excluyendo al resto.

Todo ello señala que se ha puesto la diana en el beneficio y no en el bienestar. No anima mucho.

¿Por qué entender al otro supone a veces una tarea complicada?

Pues no lo se, pero lo cierto es que lo es. Más que complicada es trabajosa. Supone cierta disciplina. Nuestras “neuronas espejo” nos capacitan para colocarnos en la piel y en los sentimientos del “otro”, pero necesitamos querer hacerlo, y eso es difícil en un contexto en el que la competitividad excluye al otro como aliado y lo transforma en rival y enemigo.

“Somos básicos y ácidos al mismo tiempo, simples y complejos”.

¿Comunicamos poco?¿Comunicamos mal?

Comunicamos lo que creemos que tenemos que comunicar para que el otro nos reconozca pero el juego actual consiste en que el otro nos interesa por el partido y el provecho que le podamos sacar y no porque tenga dignidad y valor en si mismo. Estamos impelidos a reconocer el precio del otro pero no su valor. Si no conseguimos escapar de ese paradigma, la comunicación se pervierte.

Hay retos tecnológicos, medioambientales ¿cuáles considera que son los retos humanos? ¿Es posible una evolución en valores como sucede en técnicas? ¿cuál sería esa evolución para usted?

El reto es un reto moral y por lo tanto de valores. El conjunto de valores que orientan los comportamientos de un grupo social cambian y se adaptan a las circunstancias con mayor o menor rapidez. Así por ejemplo se puso al hombre en el centro del sistema a partir del Renacimiento como quedó magníficamente formulado por Pico Della Mirandola en la 2ª mitad del siglo XV (discurso sobre la dignidad del hombre). Después de la Ilustración fue el hombre con raciocinio, “La Razón”; y en los últimos lustros la legitimación del Beneficio se ha transformado en el gran becerro al que someterse y la principal inspiradora de conductas, normas y leyes.

Ahora somos conscientes de que vivimos en un mundo finito. Empieza hacerse necesario un mundo de cooperación y no de rivalidad y en el que la producción y reparto de bienes y servicios tengan como objetivo el ser humano y todos los seres vivos que viajan con nosotros en este planeta. En resumen, unos valores basados en la ética de la responsabilidad y no en la ética del beneficio.

* Rafael Muñoz Conde es Licenciado en Medicina por Valladolid, Psiquiatra por la Autónoma de Barcelona, especialista en Psiquiatría Legal por la Complutense de Madrid y en Bioética por la UJI de Castellón.

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